lunes, 8 de febrero de 2016

EL DESPERTAR DE LA CONCIENCIA TEMA 12 - RETORNO Y RECURRENCIA


EL DESPERTAR DE LA CONCIENCIA

Conferencia Nro. 12 - Fase “A”

RETORNO  Y RECURRENCIA


Un hombre es lo que es su vida. Si un hombre no modifica nada dentro de sí mismo, si no transforma radicalmente su vida, si no trabaja sobre sí mismo, está perdiendo su tiempo miserablemente.

La muerte es el regreso al comienzo mismo de su vida con la posibilidad de repetirla nuevamente.
Mucho se ha dicho en la literatura pseudo-esotérica y pseudo-ocultista sobre el tema de las vidas sucesivas, mejor es que nos ocupemos de las existencias sucesivas.

La vida de cada uno de nos con todos sus tiempos es siempre la misma repitiéndose de existencia en existencia, a través de los innumerables siglos.
Incuestionablemente, continuamos en la  simiente de  nuestros  descendientes;  esto es  algo  que ya  está demostrado.

La vida de cada uno de nosotros en particular es una película viviente que al morir nos llevamos a la eternidad. Cada uno de nosotros se lleva su película y la vuelve a traer para proyectarla otra vez en la pantalla de una nueva existencia. La repetición de dramas, comedias y tragedias es un axioma fundamental de la Ley de Recurrencia.

En cada nueva existencia se repiten siempre las mismas circunstancias. Los actores de tales escenas siempre repetidas son esas gentes que viven dentro de nuestro interior, los “Yoes”

Si desintegramos esos actores, esos “Yoes” que originan las siempre repetidas escenas de nuestra  vida, entonces la repetición de tales circunstancias se haría algo más que imposible.
Obviamente, sin actores no puede haber escenas; esto es algo irrebatible, irrefutable. Así es como podemos libertarnos de las Leyes de Retorno y Recurrencia; así podemos hacernos libres de verdad. Obviamente, cada uno de los personajes (Yoes) que en nuestro interior llevamos repite de  existencia en existencia su mismo papel; si lo desintegramos, si el actor muere, el papel concluye.
Reflexionando seriamente sobre la Ley  de  Recurrencia,  o  repetición  de  escenas  en  cada Retorno,  descubrimos  por auto-observación íntima  los  resortes  secretos de esta cuestión.

Si en la pasada existencia, a la edad de veinticinco (25) años, tuvimos una aventura amorosa es indubitable que el “Yo” de tal compromiso buscará a la dama de sus ensueños a los veinticinco (25) años de la nueva existencia. Si la dama en cuestión entonces sólo tenía quince (15) años el “Yo” de tal aventura buscará a su amado en la nueva existencia a la misma edad justa.
Resulta claro comprender que los dos “Yoes”, tanto el de él como el de ella, se busquen telepáticamente y se reencuentren nuevamente para repetir la misma aventura amorosa de la pasada existencia.
Dos enemigos, que a muerte pelearon en la pasada existencia, se buscarán otra vez en la  nueva existencia para repetir su tragedia a la edad correspondiente.

Si dos personas tuvieron un pleito por bienes raíces, a la edad de  cuarenta  (40)  años  en  la  pasada existencia, a la misma edad se buscarán telepáticamente en la nueva existencia para repetir lo mismo.
Dentro de cada uno de nosotros viven muchas gentes llenas de compromisos; eso es irrefutable. Un ladrón carga en su interior una cueva de ladrones con diversos compromisos delictuosos. El asesino lleva dentro de sí mismo un “club” de asesinos, y el lujurioso porta en su  psiquis una “Casa de   Citas”.

Lo grave de todo esto es que el intelecto ignora la existencia de tales gentes o “Yoes” dentro   de sí mismo y de tales compromisos que fatalmente se van cumpliendo.
Todos  estos  compromisos  de los  “Yoes”,  que dentro de nosotros  moran,  se suceden por debajo de nuestra razón. Son hechos que ignoramos, cosas que nos suceden, acontecimientos que se procesan en  el subconsciente e  inconsciente.



Con justa razón se nos ha dicho que todo nos sucede, como cuando llueve o como cuando truena. Realmente tenemos la ilusión de hacer, empero nada hacemos, nos sucede, esto es fatal, mecánico...
Nuestra personalidad es tan sólo el instrumento de distintas gentes (Yoes), mediante la cual cada una de esas gentes (Yoes) cumple sus compromisos.

Por debajo de nuestra capacidad cognoscitiva suceden muchas cosas, desgraciadamente ignoramos lo que por debajo de nuestra pobre razón sucede.
Nos creemos sabios cuando en verdad ni siquiera sabemos que no sabemos. Somos míseros leños arrastrados por las embravecidas olas del mar de la existencia.
Salir de esta desgracia, de esta inconsciencia, de este estado tan lamentable en que nos encontramos, sólo es posible muriendo en sí mismos...

¿Cómo podríamos despertar sin morir previamente? ¡Sólo con la muerte adviene lo nuevo! Si el germen no muere la planta no nace.

Quien despierta de verdad adquiere por tal motivo plena objetividad de su Conciencia, iluminación auténtica, felicidad...





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